Hijas de Deméter: ROSARICO

carmenyrosario

 ROSARICO

    

     Conocí a Rosarico veinticinco años atrás y de manera poco casual pues, alma máter ella del localmente afamado horno del Sémola, absurdo hubiera sido querer escapar al conocimiento de quien, además, era madre de dos de mis más queridas y sufridas alumnas y como tal- entonces al menos así se hacía- se me homenajeaba pensando seguro que entre almojábana y torta de sal regalada, con algún detalle habría yo de corresponder y qué mejor siquiera que un mísero aprobado aunque las “mañacas” no lo merecieran

Nació Rosarico en plena posguerra-año 1941-y en el seno de una familia de la que fue primer vástago. Después vendrían 2 hermanas y dos hermanos hasta completar una familia numerosa.

Familia arraigada en la fértil Vega Baja del Segura.Concretamente en Almoradí, término árabe para expresar Mi voluntad y mi deseo, población alicantina que hoy, aún en menor medida, sigue viviendo de su producción hortofrutícola aunque otras actividades económicas vinculadas al comercio y la industria se han hecho hueco en el modus vivendi de sus hospitalarias y abiertas gentes.

Y precisamente de la huerta vivía la familia de Rosario, una huerta que era hogar y un hogar que era huerta conformando un todo allá por El Bañé, paraje en el que crecían las mejores hortalizas y hoy, cosas del desarrollo, crecen los edificios. Emprendedores y laboriosos como todos los de aquellos lares, con unas pocas tahúllas y un inmenso esfuerzo fueron labrando un futuro que lamentablemente pronto se vió truncado al temprano levantar la muerte el vuelo para quien fuera paisano de Ramón Sijé y padre de Rosario quien con diez años quedó huérfana del mismo debiendo de asumir tempranas corresponsabilidades que, sin duda, marcaron para siempre su vida.

Nacida y criada en el campo en el que aprendió lo que ha sido el centro de su vida, el trabajo, todavía muy niña sintió su peso pero el dolor de la pérdida paterna no frenó su tesón ni la alegría de vivir, alegría sin duda aprendida de aquella otra Rosario, su madre, con quien la fuerza del sino la unión hasta el final compartiendo durante más de 50 años un camino sembrado de esperanzas, abonado de esfuerzos y próspero de amor.

Tras una infancia y adolescencia plenamente dedicada a las labores agrarias y a apoyar a la madre en la crianza de sus hermanas y hermanos, habiendo saboreado en sus escasos ratos libres la ilusión de los primeros amores, casó Rosario con el suyo, Manolo “El Sémola” mozo pinturero que regentaba uno de los mejores hornos locales, de esos hornos que sí están hechos para bollos.

Para bollos… y magdalenas,monas,mantecados,empanadillas,cordiales,

toñas, almojábanas, cocas, tortas de sal…todo tenía cabida en el horno del Sémola que con la llegada de Rosario incrementó su producción tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

También se fue incrementando, poco a poco, la familia hasta llegar a idéntica proporción que antaño tuviera la de Rosarico.Esto es, tres hijas y dos hijos que desde bien pequeños aprendieron de sus mayores, incluído el entrañable abuelo Manuel que con ellos vivía, la pasión por un trabajo.

En la tahona del Sémola era dulce pero incansable y para el que, como ocurre con el oficio de panadero, no existen fiestas, puentes ni días libres pues es entonces cuando la producción ha de estar a pleno rendimiento porque el consumo así lo requiere: fiestas navideñas para relamerse con toñas y manchegos; semanasanteras y pascueras para la imprescindible monica o cualquier celebración familiar excusa para el encargo de la exquisita tortada de almendra que Rosarico, más que cocinar, bordaba.

¿Quién la habría visto en su huerta del Bañé y quien la veía ahora transcurridos veinte años?

En realidad, el cambio experimentado en Rosario había sido meramente circunstancial pero esencialmente su vida no había cambiado desde los diez: antes cuidaba de unos mañacos, sus hermanas y hermanas y ahora cuidaba de sus hijos e hijas; antes trabajaba de sol a sol, principalmente en la huerta y ahora más bien de luna a luna, en el horno; antes había de estar solícita con su madre viuda y ahora el viudo al que prestar atención era su suegro.

Intensa vida la de esta mujer que transcurridos 67 sigue renqueando el camino. Como siempre,emulando a Kipling “sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era”.

Así es Rosarico la del Sémola, una mujer inmensamente fuerte y generosa… Salvo con ella misma.

Una mujer que cuando otras, llegada la merecida jubilación, se limitan a gozar, sigue afanándose por dar bienestar a los suyos.

Una mujer que rota por los trajines de su propia vida no le importa hacerse más jirones si a ellos va atada la felicidad de sus nietos a quien hoy cuida con desvelo.

Una mujer que ha criado cinco hijos a quienes ha ayudado a lograr un mayor bienestar que el propio dedicándoles todas las horas del día a pesar de no tener el don de la ubicuidad.

Una mujer “sin cultura”, a decir de ella, lo que no ha sido óbice para ser y estar la primera cuantas veces se la requiriera en los centros educativos de sus hijos.Siempre dispuesta a echar una mano. Con las piernas a reventar, sí, pero con el corazón también y la broma presta para reírse con las bromas del tío Eleuterio.

Yo no tengo apenas cultura-insiste-porque apenas tengo estudios. Me salieron los dientes trabajando. Pero he visto y aprendido mucho y sé lo que veo. Aunque no tenga estudios.

Aunque no tenga estudios y sea una más, como tantas congéneres y coetáneas, Rosarico ha sabido sacar una gran familia adelante.

Aunque no tenga estudios, Rosarico la del Sémola hizo del horno una empresa. Dinámica y rentable, aunque las nuevas tecnologías para ella se hayan limitado al uso de la bicicleta en sus desplazamientos, de la amasadora en su trabajo y del teléfono fijo- le siguen horripilando los“microondas” como irónicamente llama a los móviles-en sus comunicaciones por cierto, escasas porque tampoco tiene tiempo.

Aunque no tenga estudios, conocimiento de nuevas tecnologías ni tiempo y sea una mujer tan rural como antaño lo fueran las huertas del Bañé,

quizá precisamente por ello Rosarico es una mujer con recursos, tantos como ha necesitado para ir superando obstáculos en el camino de su vida.

El mayor de todos ha sido el trabajo. Constante, apasionado, seguro.

La mayor satisfacción, una gran familia que sigue creciendo, feliz pese a todos los normales avatares, en su pueblo, Almoradí, y en el regazo de quien antes que nada fue, es y será siempre una típica más no tópica mujer rural, Rosarico.

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