La fiesta del pueblo

rus-milagros

En los momentos previos a la celebración de la  pública subasta de las andas de la Virgen de Rus,preámbulo de su romería, comparto literalmente  el capítulo VIII de “La Mancha” de Enrique Pérez Escrich, escrito en 1881, que,como su título indica, bien describe LA FIESTA DEL PUEBLO:

 

La villa de San Clemente se halla enclavada en la provincia de Cuenca á trece leguas de la capital y á once de Albacete.  Al recorrer sus calles y su arrabal morisco, al contemplar los antiguos edificios y los derruidos muros de sus conventos, al visitar los santuarios que la circundan, centinelas avanzados de la fe ,se adivina que en los siglos XV y XVI San Clemente era una población de mucha más importancia que lo es en la actualidad.

    Los pueblos ,lo mismo que los individuos ,tienen vicisitudes, alternativas, prosperidades y decadencias ,juventud y vejez. La historia presenta ejemplos para probarnos lo pequeño y deleznable de la grandeza humana ,para humillar el satánico orgullo de ese gusano llamado hombre.

Babilonia, la prepotente ciudad de los Sátrapas; Babilonia con sus cuatro millones de habitantes que se revolcaban en el asqueroso cieno de sus vicios; Babillonia con sus treinta leguas de circunferencia ,sus colosales templos, sus asombrosos palacios, no existe, todo ha desaparecido ,sólo queda un sauce entre sus ruinas á cuya sombra se sienta el peregrino para meditar sobre la pequeñez humana, murmurando en el fondo de su conciencia, estas palabras : “Vanidad de vanidades.”

    Sin revolver archivos para buscar el pasado de la villa de San Clemente, podemos asegurar que ayer fue más de lo que es hoy, para probarlo nos bastará un testimonio sacado de los libro parroquiales que debemos á la amabilidad de nuestro amigo D. Luciano Lopez y Torres, dice así: “Habiendo habido en la villa de San Clemente una peste en el año de 1600,fue tal el desmembramiento que causara en la población que murieron tres mil quinientas personas  á pesar de las disposiciones que se tomaron para aminorar los efectos de aquel espantoso azote. Se habilitaron cuatro hospitales: uno exclusivamente para los moros en la ermitas del Remedio; otro en la de San Cristobal; otro en la de San Roque y otro en la iglesia de los Evangelistas .Todas las personas que caian enfermas eran forzosa é inmediatamente conducidas al hospital á que correspondían sin consideración á clases ni jerarquías. Las que fallecían se sacaban del hospital para darles luégo sepultura ,y las ropas que habían usado eran depositadas en las afueras de la ermita de Santa Ana, siendo tal  el cúmulo de ropas que se amontonó que llegó a subir más alto que el tejado de la ermita, estas ropas fueron luégo quemadas”

 

    Por el anterior relato puede sacarse en consecuencias lo que sería la villa de San Clemente al comenzar el siglo XVI, porque aún calculando(lo cual no es creible)que el terrible azote devorara la cuarta parte de sus habitantes, contaria entonces un censo de población de catorce mil almas, y así lo hacen creer sus antiguos edificios, su profusion de conventos y sus arrabales moriscos convertidos en ruinas.

     Uno de los edificios que me llamaron la atención por sus bajo-relieves de gran  mérito y su gravedad arquitectónica, que indudablemente data del siglo XV, fue el que sirve hoy de carnecería y se halla próximo a la cárcel.

    La iglesia parroquial es hermosa ,su ancha nave, su artístico coro y sus atrevidas bóvedas recuerdan algo del gusto de Herrera.

    El palacio de los marqueses de Valdeguerrero es también un buen edificio digno de reparación; sus cornisas tienen un vuelo de dos metros que se extiende sobre la calle como una amenaza perpetua de los transeúntes.

    Vi además en San Clemente otros edificios de gran mérito y respetable antigüedad, pero no es mi propósito hacer aquí un concienzudo estudio arqueológico.

    San Clemente es un pueblo alegre , tiene buenas calles, buen cielo y pintorescas cercanías, y como sus habitantes se muestran siempre afectuosos con el forastero, se pasa bien la vida; yo no olvidaré nunca los ocho días que permanecí en él.

    Llamaban vivamente mi atención la extremada limpieza interior de las casas, algunas tienen la escalera de mármol bruñido que pone en grave riesgo el equilibrio del que sube ó baja llevando clavos en las botas; pero la mayor parte son de madera encerada y de azulejos blancos. Resumiendo: las casas de las personas acomodadas de San Clemente conservan la seriedad, la limpieza y la comodidad señorial del tiempo de Felipe II.

    Las señoras de Melgarejo, devotas apasionadas de Nuestra Señora de Rus dedican una parte no pequeña de su renta y todo su cariño á enaltecer el culto de la milagrosa Virgen, patrona de San Clemente cuya solemnidad religiosa se celebra en la villa todos los años el dia segundo de la Pascua de Pentecostés con tal fervor, con tal entusiasmo que serian pálidos todos los colores para pintarlos.

    Nuestra Señora de Rus habita un modesto santuario lleno de exvotos y ofrendas, situado una hora distante del pueblo; desde este punto la trasladan en hombros de cuatro devotos á la iglesia parroquial; ántes de entrar en el pueblo se detiene la Virgen en la ermita de San Cristóbal adonde sale á recibirla el clero, el ayuntamiento y todo el pueblo engalanados con sus más vistosos trajes.

    Los cuatro fieles conductores de la imagen son casi siempre pobres trabajadores del campo que pujan en plaza pública el derecho de traer sobre sus hombros á su milagrosa imagen; este dinero es una limosna que se dedica al culto de la Virgen y muchas veces sube á la respetable cantidad de seiscientos reales ,suma que obliga a sufrir algunas privaciones durante el invierno á los fervorosos conductores de la Virgen, pero sabido es que la fe lo vence todo.

    Es gala entre los mozos que han salido vencedores en la puja, cruzar la legua y media de áspero y pedregoso camino con la mayor velocidad posible llevando la sagrada carga sobre los hombros que les infunde fuerza y aliento para soportar la fatiga. Cubren á la imagen con un capuchón de hule para preservarla del polvo y las influencias atmosféricas y causa asombro verles llegar y jadeantes por el cansancio, empapados en sudor y con la sonrisa seráfica del creyente en los labios.

     Multitud de gente les rodea, unos á caballo, otros á pié y animándoles todos.

     De los pueblos de diez leguas al contorno acuden peregrinos á presenciar la fiesta de Nuestra Señora de Rus, algunos van descalzos, otros visten el hábito que debió servirles de mortaja, mujeres jóvenes con el pelo rapado porque han ofrecido á la Virgen la más preciosa belleza de su cuerpo, cumpliendo así los votos hechos á su milagrosa patrona.

     ¡Qué entusiasmo, qué fervor religioso¡ El hombre más incrédulo contagiado por la corriente eléctrica que mana de aquellas almas llenas de fe cristiana prorumpe en exclamaciones y en vítores á la Virgen.

      Nuestra Señora de Rus es para los hijos de San Clemente lo que la Virgen del Pilar para los aragoneses y la de los Desamparados para los valencianos….

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