Mujeres por un mundo mejor: RUS CATALÁN SAIZ

Hoy sigue siendo día de la mujer.También mañana,14 de abril, en que RUS CATALÁN, una de nuestras congéneres manchegas y como casi todas las rurales, jarrillo de mano,pasa a ser parte de ese “clús de golden girls” en el que damos la bienvenida a esta chica donuts-es coetánea de este bollo universal que sólo nació dos días antes que ella.

Lo hacemos dándole la  visibilidad que merece. Ello a través de este capítulo que como una de las Hijas de Deméter le dediqué en 2008:

 

RUS ( la Seguridad)

     Mucho lo he dudado antes de dar con el término para mejor definir a quien es protagonista de este capítulo.
     Sin duda alguna, sería “autoestima”el actual y políticamente correcto pero confieso que, quizá por ello, me provoca cierto recelo.
     En ello me hallo de pleno acuerdo con la aludida a quien parece tampoco le apasiona, por lo que,decidida a desestimar “autoestima” para no caer en tópicos de feminismo de salón, o sea, feminismo utópico que solidariamente rechazamos,opto por la “seguridad” como especial atributo de esta manchega, Rus, a quien me voy a referir.
     Antes que nada y antes que nadie pueda pensar que he incurrido en un error ortográfico o tipográfico, que bien pudiera suceder pues es cosa que habitualmente hago sin que me duelan prendas el reconocerlo, quiero deletrear el nombre: R-u-s.
Con él lleno mi boca y mi ser, como ya lo hiciera el escudero Sancho en el capítulo XXV de la 2ª parte del Quijote, cuando de su ¡Voto a Rus¡ hizo la máxima expresión de su sentir.
Rus, extraño significante para un significado de auténtico arraigo tan rural como sus raíces hundidas en la tierra que las cobija y a la que, a cambio y en un paraje de la Mancha conquense, da su nombre porque es rus arbusto como la mimbrera de la vega del Trabaque a la que me he referido en el capítulo anterior.
     Sólo que este arbusto, cuya denominación científica es Rhus coriarii, y que no tiene la elasticidad de aquel sí posee otras propiedades igualmente sensuales aunque en este caso no relativas al tacto pero sí al gusto y a la vista.
En efecto, el rus o zumaque es la planta de la que se extrae el “sumac” que en las culturas orientales sirve como especie acidulante sustitutiva del limón o el vinagre y cuyo atractivo color rojizo es inconfundible y vistosa seña de identidad de sus tradicionales mercados de especias.
Color rojizo producido por el fuerte componente de taninos por lo que su extracto se utilizaba antaño en las tenerías para trabajar los mejores curtidos.
     Y ese zumaque o rus, que de ambos modos se denomina, era especie vegetal cuya abundancia en ciertos lares de la Cuenca manchega se debía a las aguas permanentes del recoleto río y que de ella tomó su nombre, Rus, como asímismo el paraje donde aquel Rhus coriarii proliferaba.
Aquel paraje, como toda tradición medieval que se precie, fue lugar de milagrosa aparición de la Virgen a un pastor, imagen que allí se halló y que lógicamente tomó el nombre del arbusto, del río y del paraje: Rus.
Y de Rus era Clemente Pérez, el hidalgo que quiso establecerse unas leguas más allá de sus raíces en otro paraje y como él llamarle.
Más, hombre cristiano, hubo de así honrarlo y San Clemente se llamó, tomando por Patrona a María de Rus, cuya imagen hoy sigue siendo para la población comarcal divina Pastora y guardiana del paraje de Rus que el buen Sancho tuvo a bien inmortalizar literariamente al exclamar in situ aquel Voto a Rus por el que San Clemente de la Mancha tiene el honor de ser parte de la ruta del Quijote y por tal literario motivo, lugar cervantino.

    

    Expuestos estos preámbulos a modo de acotaciones escénicas y a fin de mejor ubicarnos en el espacio, vayamos por fin a hacerlo en quien nos ocupa y, de nuevo apelamos al nombre que más rural no hubiera, Rus.
Es el que ella tiene por nombre y por cuna San Clemente, pueblo en que naciera en 1962 dentro de una familia lógicamente vinculada a la agricultura que-siempre retrotrayéndonos a los años del desarrollismo-vio cómo el padre se veía forzado a emigrar a Francia en busca de aires de libertad y pan para los suyos como lo hicieran tantos castellanos.Al marchar mi padre y pese a mis pocos años– rememora Rus-yo tenía la sensación de que lo hacía para lograr algo importante.
Y lo fue, pues el hacerse con los recursos económicos para levantar, a su vuelta, la casa familiar no era empresa nimia.
Ella, segunda entre una hermana y un hermano menor, aprendió de Aurora, su madre, a ser mujer de las de antes. Esto es, como Dios manda, que dirían en el pueblo aunque dudo bastante de que, Hombre al fin y al cabo, se ocupe de “pecata minuta” y ande entre los pucheros por más que la Santa Doctora castellana así lo afirmase.Tareas más urgentes y trascendentales no le habrán de faltar, al menos en los tiempos que hoy corren.
     Tampoco a Rus le faltaron los más hacendosos y hasta a veces inútiles conocimientos pero en otros más propios se afanó y mucho buscando en una educación permanente la vía para superar las posibles precariedades que el medio rural de entonces suponía respecto a las mayores oportunidades de una ciudad en donde, a diferencia de aquel, la oferta no es que fuera diversa !es que siquiera existía¡
Por eso Rus, tanto en las épocas de vacación escolar como posteriormente cuando finalizó dicha etapa, marchaba a Madrid para, compatibilizando ocio y formación, hacer una inversión que le ha valido para ser hoy la mujer que es.

Eran los años esos de la transición inolvidables para mí a pesar de mi juventud, apenas 15 años, pues procuraba juntarme y aprender de estudiantes universitarios aunque fueran mayores que yo– recuerda con una sonrisa de añoranza-aquellas estancias en Madrid me marcaron muchísimo y al volver al pueblo, notaba un gran contraste y hasta a veces me sentía ajena
Pero Rus ya entonces tenía una enorme capacidad de adaptación porque tenía-tiene- una enorme capacidad de observación que tanto le ha servido para vivir, no sólo subsistir, en un medio rural amado pero tantas veces árido por esa ausencia de fertilidad que nada tiene que ver con aguas, abonos ni agrarios desvelos.
La rural es seña de identidad fantástica sobre la que nada se está haciendo por preservar– es su razonado lamento-y precisamente es esa seña la que nos devuelve a nuestro estrato primario, donde están nuestras raíces.
Sorprende escuchar cosas así por boca de quien casada casi desde que le salieran los dientes, podría dedicarse, como tantas otras paisanas, a presumir de su status de casada-por cierto que con un marido extrañamente nada machista- y madre de estupendos hija,Verónica, e hijo,Ángel Javier, ya “ganando” que la material es principal cuestión en la cultura manchega en donde, por tradición, hay aún que rentabilizar a los hijos que para eso antes se ha invertido en ellos tiempo y “cuartos”.
No es el pensar ni sentir de Rus que quiere para punto de partida en la vida de sus hijos como mínimo el punto de destino al que Ángel, su marido, y ella han trazado el camino.
Es cuestión de saber aprovechar los recursos y, por eso, en su incansable viaje a su particular Itaca, nunca se siente defraudada y el propio viaje es para ella el premio que siempre la enriquece.
Así fue y así será con una formación permanente, en mucho vinculada a aspectos turísticos y de comunicación.Por ejemplo, la realización de un Curso de Turismo desarrollado de forma intensiva a lo largo de seis meses, le sirvió de motivación para buscar otros complementarios hasta conseguir fundar con otras paisanas una asociación de turismo rural de carácter local que en el presente cumple doce años y que ha servido de motor de varias e interesantes iniciativas.
Fue igualmente hace ya diez cuando participó en un Curso de Medios de Comunicación tras el que, promovida por el Ayuntamiento, surge la emisora local en la que hoy Rus sigue prestando su voz a para expresar hechos, ilusiones e inquietudes de paisanas y paisanos.
Una voz segura como es ella.
Por eso es parte de estas Hijas de Deméter .
Por una seguridad en gran parte innata pero reforzada por un trabajo constante de superación personal siempre dentro de la tolerancia y el respeto a la tradición pero, simultaneamente, de una pasión por la innovación que comparte con su otra sana pasión intelectual cual es la lectura.
Siempre con un espíritu crítico que no puede, bajo ningún concepto, ser rara excepción para una regla que hay que romper como Rus rompió el molde de aquel perfil obsoleto y vergonzoso, el de las mujeres rurales incultas e inferiores, sin voz y con el voto para el padre, el marido y el  hijo sucesivamente en función de sus sucesivos estados civiles.Ya son otros tiempos y en estos y porque ya va siendo más que hora


!La mujer tiene mucho que decir en el mundo rural¡

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