El Roble (alias Julián)

JO

Me ocurre cuando termino la escritura de una nueva novela. Y llega ese momento en el que la leo, y como en las anteriores, descubro que ciertos personajes no hacen cosas raras porque sean producto de mi imaginación. El tipo raro soy yo. Con cara de despiste les alquilo mis manías y gracias a ellos me voy descubriendo. No, no fue Palas quien se reconcilió con su padre cuando ya dejó de estar, esa es mi historia. La mayoría se envenena robando mis cigarrillos y encendiéndolos con mi mechero, y tampoco puedo calificar como extravagante la costumbre de poner motes que me he empeñado en achacar a algunos lugareños. ¿Habéis oído hablar de la Bruja Blanca? Pues a eso me refiero.

Me gustan los símbolos para evocar ideas, porque su complejidad reside en que además pueden ser personalizados. Todos sabemos lo que significa ese octógono rojo con las letras stop en el centro, pero yo tengo un amigo que perdió la vista en un ojo después de pasarse quince días en coma. Para él, hacerse el francés con esa señal implica un caudal de emociones que no es capaz de expresar. Mis mejores símbolos son las palabras, procuro no usarlas en vano y después dejarlas libres, sobre todo esa inmediata que me viene a la cabeza cuando por fin estreno mirada con de quien mucho me han hablado.

Recuerdo la mañana en que me pusieron frente a él, fue una traición por noavisarme de que iba a encontrarme frente a tanto. Y la recuerdo como otra de esas ocasiones en las que uno es consciente de que no iguala la talla; y precisamente por eso, también percibí que él nunca se humillará a pasar por ese lugar donde se le da importancia a cuando los demás necesitamos inventarnos lo que nos falta. Me dijeron que le llamaban Julián, y me pareció un mote apropiado, aunque está claro —pensé al verlo—, que su verdadero nombre es El Roble.

Los hombres no se miden por su altura, primero hay que observar la fuerza con que sus raíces se abrazan a la tierra, a su tierra. Porque algunos, como el roble, como nuestro Roble (alias Julián, cuyo origen latino ya nos habla de raíces fuertes), no son más sólidos por la caricia del sol y la brisa que mueve los molinos, adquieren su coraje de las situaciones adversas, de la determinación con la que se enfrentan a las tempestades de la vida, y las superan. Porque los que son como él viven dando ejemplo de que en las adversidades no veamos una amenaza, sólo otro desafío a vencer.

Si hacer arte consiste en poner cara de impertinente mientras explicas que la obra te salió en el intermedio que necesita un carpaccio para estar al punto, lo siento, Julián, tú no eres artista (ni de Bilbao). Si tener inspiración se trata de pifiarla, poniendo la masa de la tarta al revés y llamarla Tatin, insisto, Julián, tú no eres artista. Enseguida capté que lo tuyo es el esfuerzo, esa lucha de cada día por hacerlo mañana mejor, ese irte a la cama y quitarle al sueño su sonrisa para colocarla en quienes van a disfrutar de ti entre cada grano de esa paella con marisco manchego, entre cada plato en el que nunca descuidas los detalles y los haces grandes con pequeños placeres. Son esas cosas en las que demuestras la dignidad de tu mucho oficio, y aunque lo parezca no estoy hablando de gastronomía. Lo tuyo es la cocina, sí, pero la de los sentimientos, como ese cordero con salsa de amistad y guarnición de quitapenas; o esas costillas que no necesitan brasa, sólo vuelta y vuelta por ese fuego amigo que trasmite tu mano al estrecharla. Maestro, tienes la capacidad de sentir como propio el placer sentido por el ajeno, y lo haces con esa sinceridad de quien no ha nacido para otra cosa, como si se pudiera nacer para cualquier otra cosa más importante.

Los que quieran ver molinos que se acerquen a La Mancha y después cuenten que también vieron un gigante, yo sé que no mienten porque soy un tipo con suerte y puedo presumir de conocerlo. Y ahora que escribo esto desde un país que celebra el 14 de julio porque le han contado que lo suyo de 1789 empezó a cambiar la humanidad, puedo afirmar que se equivoca. Sé de otro 14 de julio en el que nació la más efectiva de las revoluciones, la del Roble, esa tan sencilla que utiliza cosas chiquitas para regalar aquello que todavía no hemos encontrado cómo definir: Felicidad.

Y ya que hoy no he podido estar presente para recibir su abrazo os pido un favor: Levantad vuestra copa y brindad por El Roble, lo tenéis delante vestido de Julián.

Y nunca olvidéis que gracias a hombres como él, el mundo no aparenta tener mejor sabor, lo consigue.

Oscar da Cunha

Anuncios

One thought on “El Roble (alias Julián)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s