La casa del tío Venancio, 23 años de turismo sostenible.

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Un diez de diciembre de 1994 abría sus puertas en Caracenilla,un lugar de La Alcarria de Cuenca,muy próximo a esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad ( 45 kilómetros) donde el sabor y  la naturalidad conforman ese tandem que convierte la calidez en calidad y el cliente en amigo.

19397035_555798077924245_849996846985690253_nLa casa del tío Venancio, veintitrés años ya siendo la nuestra. Casa rural donde poder hacer parada y fonda.Mesa rural con su mantel de cuadros y sus ricos platos autóctonos y algunos de fusión: Sopas de ajo,morteruelo, cordero a la miel con sabor cordobés,setas abrazadas, bacalao o esos Vientos de España que aprendidos de la dulce Mirsada durante su refugio conquense en la guerra de Bosnia, hermana ambos lugares en un postre único que a nadie amarga y a todos encanta.

La casa del tío Venancio cumple años .También sueños.Muchos.Tantos como los de una numerosa ,rural,emprendedora y entrañable familia Torrijos Gascueña que para prácticas responsables no necesita la formal declaración de 2017 como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.Lo viene haciendo a diario ¡ y con mucho gusto ¡ ¿queréis comprobarlo?Caracenilla

Pilar Viejo, 2, 16540 Caracenilla, Cuenca
Teléfono:   + 34. 969 27 26 71
Abierto de miércoles a lunes salvo festivo o temporada alta también abierto los martes

 

LeoComprobaréis que a día de hoy,Leo,ventera del siglo XXI sigue conservando su ilusión,su sonrisa y esa lealtad a sus raíces, a lo suyo y a los suyos que tanto se echa de menos en paisajes rurales que agonizan por falta de paisanajes  que,de verdad, la sientan,vivan y contagien.

Ahí está Leo y ahí quise estuviera, entre esas “Hijas de Deméter” que en 2007 reuní en escrito con que quise dar visibilidad a congéneres rurales que sí creen y trabajan por un mundo mejor.

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LEO ( La Lealtad)

 Pese a lo regio de su nombre de pila, Leonor, es Leo como más sencillamente y como es ella, gusta que la llamen.

Nombre que le va como anillo al dedo y no por la mera casualidad de haber nacido un 5 de Agosto del 68 –tampoco es casual el año y su simbología inconformista y reinvindicativa- sino por la total causalidad en el perfil de su fuerte personalidad que, más allá de la fuerza, el tesón y la tolerancia hasta un límite, se resume en una lealtad sin límites.

Los padres de Leo, como tantas personas de un medio rural español inmerso en el desarrollismo de los 50, hubieron de emigrar al Levante español, tierra entonces y hoy con mayor y mejor aprovechamiento de recursos y en donde hicieron de la suya una familia numerosa y dinámica.

Tanto como Angelina, la madre, que inculcó en sus tres hijas y dos hijos el valor de la constancia, de la superación y de unas raíces que, si bien lejanas físicamente, deberían ser siempre referente y ansiado punto de destino.

Así fue, y a su medio rural volvieron, restableciéndose en Caracenilla, su antiguo lugar de residencia en donde con muchas ilusiones y poca liquidez emprendieron una actividad vinculada a la hostelería pero no menos a un servicio social y de proximidad pues aquella población apenas contaba con el medio centenar de ésta y, por sí sola, más que dudosa resultaba la viabilidad económica de tal negocio.

Un negocio cuya viabilidad radicó, precisamente, en el carácter familiar del mismo.

12039362_1688983664671961_2928049509015190836_n20525559_10155974185885628_9133504998446718289_nFamilia numerosa, creativa, dinámica y singular.Tanto que la juventud de los hijos e hijas e, incluso los trabajos que poco a poco fueron consiguiendo en otros lugares y además necesariamente urbanos, nunca impidieron el volver para echar una mano. No importaba si era fin de semana, fiesta o vacación. Las suyas eran trabajando pero con alegría y la enorme ilusión de, al hacerlo, ir haciendo grano para un familiar granero.

Trabajando en todo aquello que supusiera incrementar sus propias capacidades. Por eso Leo hizo sus primeros pinitos en hostelería trabajando como camarera en establecimientos de la capital provincial y ello le sirvió, además de aprendizaje, de instrumento para conocer realidades y personas vinculadas al campo que deseaba para sí: el Turismo y la Hostelería.

Y como rural, también tuvo sus incursiones laborales en temas agroambientales pues durante diversos veranos trabajó “en la torreta”. Era ésta la torre de vigilancia ubicada en las bellísimos bosques próximos a Caracenilla para los que en la época estival hay que buscar la máxima protección a fin de evitar que el fuego o la irresponsabilidad humana acaben con tan singular patrimonio que robledales, pinares y otras especies de vegetación y fauna mediterranea conforman.

Duro trabajo para un permanente y anhelado objetivo en el que no cejaba.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEra este la creación de un restaurante, paso siguiente en los afanes emprendedores de Leo y los suyos. Contaba con el primordial y no siempre excesivamente estimado recurso de la experiencia gastronómica que para eso estaba Angelina, su madre, sabedora de secretos con que hacer las delicias de un paladar exigente y, además, añadir ese toque suyo y como ella coqueto, que tanto se valora hoy y tan poco se practica todavía en fogones rurales en donde el contenido sigue imperando sobre las formas.

 Mujeres por un mundo mejor:Angelina Gascueña Jiménez https://participacinruralviva.wordpress.com/2012/03/12/mujeres-por-un-mundo-mejorangelina-gascuena-jimenez/ vía @wordpressdotcom

A estos valiosísimos recursos humanos habría que sumar los que vinieron a través de una ayuda “Leader” que, como todas, resultó escasa y excesivamente lenta y es que, como ruralmente se define, fue más el ruido que las nueces pero… siguió haciendo granero y, ante todo, sí fue el último empujón que llevó a la emprendedora a lanzarse al vacio entonces, hoy a un restaurante lleno los fines de semana-dichosa estacionalidad-y que en su trece primeros años de vida ha ido sufriendo las lógicas modificaciones para su mejor gestión.

Todo normal pudiera parecer a quien, ajeno al mundo rural y sus circunstancias, desconoce el valor de en él emprender y, lo que no es menor, de saber mantenerse. Con ilusión, con inquieto afán de superación y, por supuesto, con los pies en la tierra que aquí es barro y como tal, corres el peligro de resbalar, de perder el equilibrio.

Nada puede valorar aquel que nada hace y éste no es caso de una joven Leo que ha sabido enfrentarse y de momento vencer las adversidades por el camino halladas.

Nada apenas puede entender de la peculiar sociología rural quien ignora los entresijos de ésta. Un mundo en el que todas y todos se conocen-o lo parecen-y en donde todos y todas parecen quererse por eso de compartir casi todo.

Nada más lejos. Espejismo de una realidad que las más de las veces es tan diferente como opuesta.

aniversario tio Venancio 007Leo es rural y lo sabe. Y lo sufre. Sabe, porque su pueblo es pequeño y en él son familia casi todos, que siempre segura y vigilante tendrá a la peor de las vecinas, la envidia.

La ha conocido, ha sabido de sus sutiles estrategias, se ha dejado engañar por ella! qué otro remedio¡ y, lejos de amilanarse tampoco quiso unirse a ella como forma de vencerla porque por encima de su persistencia, su laboriosidad y su capacidad emprendedora, el máximo valor de Leo es la lealtad y ésta empieza con ella misma.

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La suya es omnipresente lealtad a su ideal, a sus raíces rurales, a las gentes-pocas- en quien ella deposita parte de su corazón y con él su confianza.

Por ser leal, lo es incluso a su equipo futbolístico que, como no podía ser de otra forma, es aquel del lugar en que tuvo su nacer, Valencia pues nació y pació en Picassent, qué importa si allí ya hoy no tenga su pacer.

Nada plausible puede hallar en la lealtad quien no la valora y nada plausible advertirá, pues, en la semblanza de Leo ni nada la impulsará a su conocimiento allá, en esa Casa del tío Venancio porque así se llamaba quien habitó donde hoy se ubica el restaurante y también es leal manifestación respecto a la tradición local el conservar vestigios que conforman su historia. Humilde historia pero vital para quien aquí ha visto la luz y con ella ha crecido.

La historia de Leo es de lealtades y muchas páginas quedan por escribir de la misma.Tantas como ansias de emprender le siguen naciendo de ese cuerpo menudo e inquieto y de esa mente que se empeña en alimentar no peor que lo hace con sus clientes.

 

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Bien sabe que para vencer hay que luchar y para la lucha imprescindible es el aprendizaje que ella practica a diario. Ávida de saber, en eso salió a la madre, participa en cuantas iniciativas de carácter formativo halla y puede compatibilizar con su propia actividad profesional.

Más aún, su obstinación y su lealtad le han abierto puertas inimaginables unos años atrás. Así ha ocurrido con los hosteleros de la provincia, constituídos en red y hasta Leo recelosos de cualquier iniciativa turística-hostelera que se apellidase “rural” por eso de la aludida “vecina” Envidia y por aquello también tan ruín y pueblerino, aunque éstos sean de capital,como el combatir la competencia impidiéndola de antemano, jamás superándola con un mejor hacer propio.

Lo cierto es que Leo los-la mayoría hombres-conquistó con su propia franqueza y hoy incluso es parte de su directiva, contando con ella para cualquier evento en el que ella, si dudarlo, participa haciéndose, sin querer, blanco del cariño y respeto de sus compañeros de ciudad que por fin han descubierto en el Turismo Rural no una competencia desleal sino un complemento a su más convencional oferta.

Con todo, el hoy de Leo y su establecimiento rural es lo único cierto. El futuro es otra cosa porque, no lo olvidemos, estamos en el medio rural y aquí todavía el futuro resulta incierto.

Tanto como los recursos humanos que esta joven precisa para mantener y mejorar su empresa. Unos recursos humanos que aquí no llegan o, si lo hacen, huyen prontamente no importa el esfuerzo de la empresaria que incluso los ha traído de allende los mares buscandólos dice ella En lugares no mejores, sino similares a Caracenilla para que no se espanten.

El esfuerzo titánico de esta pequeña gran mujer apoyada por los suyos ha hecho posibles sueños como la del restaurante y casa rural. También otros como la adquisión de la casa del curato, su primera morada familiar entonces de alquiler, y otra vecina que amorosamente han sabido rehabilitar.

¿Para qué? ¿Sueños rotos de Leo? La respuesta está, una vez más, en el ser humano, mujer u hombre, que crea en las potencialidades de un mundo rural que tiene vida si vida se le da por quienes, como Leo, se afanan por atraerla.

Su éxito ya no depende de ella misma, ni del buen sabor de boca de su pitanza. Su éxito depende de las lealtades que sea capaz de captar con la suya propia a un medio rural al que no ha fallado, pese a los sinsabores y no precisamente de su cocina, y para el que busca adhesiones.

Y además, remuneradas ¿Quién da más?

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